En el corazón de Madrid, oculto entre las calles del distrito de Carabanchel, se encuentra un rincón de historia y misterio que pocos conocen: el cementerio británico de Madrid. Este lugar, fundado en el siglo XIX, no solo es un sitio de reposo para muchas almas, sino también un testimonio silencioso de la rica diversidad cultural que ha influido en la capital española a lo largo de los años. Cada lápida y monumento esconde historias fascinantes de vidas pasadas, entrelazadas con el devenir de una ciudad en constante cambio.

El cementerio británico, con su diseño de jardines ingleses, ofrece un refugio de paz y reflexión en medio del bullicio urbano. Al caminar por sus senderos, uno puede sentir la presencia de aquellos que contribuyeron al tejido social y cultural de Madrid, dejando su huella indeleble en la historia. Las esculturas y mausoleos, cuidadosamente esculpidos, no solo marcan lugares de descanso, sino que también narran relatos de amor, pérdida y legado.

A lo largo de sus terrenos, se encuentran tumbas de personajes ilustres cuyas contribuciones trascendieron fronteras y épocas. Desde empresarios visionarios hasta artistas talentosos, cada sepultura en este cementerio cuenta una parte de una narrativa más amplia y compleja. La mezcla de estilos arquitectónicos y la variedad de inscripciones reflejan la diversidad y la riqueza de las culturas que se entrelazan en este espacio sagrado.

Explorar el cementerio británico de Madrid es embarcarse en un viaje a través del tiempo, descubriendo las conexiones ocultas entre la ciudad y las muchas vidas que la han moldeado. Es un lugar donde la historia cobra vida, invitando a los visitantes a reflexionar sobre el pasado y a apreciar las historias personales que, juntas, forman el gran tapiz de la historia de Madrid.

El cementerio no es solo un lugar de descanso eterno, sino también un monumento viviente a la memoria colectiva de una comunidad vibrante y diversa. Al conocer más sobre este lugar, uno puede apreciar mejor la rica tapestry de historias que conforman el legado cultural de Madrid.

lápidas cementerio británico Madrid

Orígenes y fundación del cementerio británico de Madrid

El contexto histórico en el que surge el cementerio británico de Madrid está marcado por la necesidad de un lugar de descanso para los cristianos no católicos en una España predominantemente católica. Durante el siglo XIX, los no católicos enfrentaban serias dificultades para ser enterrados en cementerios consagrados por la Iglesia Católica, ya que estos lugares eran considerados tierra sagrada y, por lo tanto, exclusivos para los fieles de esta confesión.

Los primeros intentos de crear un cementerio para cristianos no católicos comenzaron a finales del siglo XVIII. En 1796, se compraron unos terrenos cerca de la actual Plaza de Colón, pero debido al crecimiento urbanístico y a la negativa de las autoridades, estos terrenos nunca se utilizaron para enterramientos. Finalmente, en 1850, se realizó un intercambio de terrenos que permitió ubicar el cementerio en su emplazamiento actual, en Carabanchel.

La fundación en 1854 del cementerio británico fue un proceso complejo que involucró negociaciones entre los gobiernos británico y español. Las escrituras del terreno, fechadas el 17 de agosto de 1853, establecieron formalmente la propiedad del lugar.

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El cementerio fue concebido no solo como un lugar de enterramiento, sino también como un símbolo de la presencia británica en la capital española. A pesar de las presiones del gobierno español para que los entierros se realizaran «sin culto, ritual, pompa, ni publicidad», la comunidad británica logró establecer un espacio que reflejaba sus tradiciones y creencias.

Evolución del cementerio (1854-1883)

detalle lápidacementerio inglés Madrid

Detalle de una lápida del cementerio británico de Madrid

Los primeros enterramientos en el cementerio británico de Madrid comenzaron en 1854, siendo Arthur Thorold el primer sepultado. Este joven de 18 años fue enterrado con una lápida distintiva que representaba la espada de Excalibur, un símbolo de la leyenda arturiana. A medida que se realizaban más enterramientos, surgieron diversos desafíos, incluyendo la resistencia del clero español.

Las restricciones impuestas por el clero español tuvieron un impacto significativo en el funcionamiento del cementerio. El clero exigió que los entierros se realizaran sin rituales, ceremonias ni publicidad, lo que limitaba la capacidad de la comunidad británica para honrar a sus difuntos de acuerdo con sus tradiciones. Estas restricciones reflejaban la hostilidad hacia los no católicos y complicaron la gestión del cementerio en sus primeros años.

Para superar estos desafíos, se realizaron cambios en la gestión y administración del cementerio. La comunidad británica, en colaboración con el Consulado Británico, estableció un comité gestor para supervisar el mantenimiento y las operaciones diarias del cementerio. Este comité jugó un papel crucial en la organización de eventos y en la recaudación de fondos necesarios para el mantenimiento del cementerio.

El desarrollo arquitectónico inicial del cementerio fue un proceso clave en su evolución. El arquitecto Wenceslao Gaviña fue inicialmente encargado de diseñar el cementerio, pero su propuesta resultó ser demasiado costosa y ambiciosa. Posteriormente, Benedetto Albano asumió el proyecto, presentando un diseño más sencillo y económico que fue finalmente aceptado y ejecutado. La arquitectura del cementerio, con su entrada adornada y su diseño de jardín, reflejaba un estilo inglés que diferenciaba este lugar de otros cementerios en Madrid.

El cementerio también incorporó elementos arquitectónicos distintivos, como el escudo del Reino Unido esculpido por Pedro J. Nicoli, que adornaba la entrada principal. Este escudo, colocado en mayo de 1856, se convirtió en un símbolo visible de la presencia británica en Madrid y un recordatorio del origen y propósito del cementerio.

Durante este periodo, el cementerio se convirtió en el principal lugar de enterramiento para los británicos y otros extranjeros no católicos en Madrid. A pesar de las restricciones y desafíos, el cementerio continuó creciendo y adaptándose, acogiendo a una comunidad diversa que incluía no solo a británicos, sino también a estadounidenses, alemanes, franceses y otros. Este crecimiento reflejaba la diversidad cultural y religiosa de la comunidad extranjera en Madrid durante el siglo XIX.

Arquitectura y monumentos destacados del cementerio británico de Madrid

estatua ángel cementerio británico

El diseño y estructura del cementerio británico de Madrid reflejan una clara influencia del estilo inglés, caracterizado por sus jardines serenos y un entorno apacible. El cementerio está delimitado por las calles Inglaterra, Irlanda y Comandante Fontanes, con su entrada principal en el número 7 de esta última. La fachada, construida en ladrillo revocado, ofrece una primera impresión modesta pero digna, adecuada a su propósito como lugar de descanso final.

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Uno de los elementos arquitectónicos más notables es el escudo del Reino Unido, esculpido por el artista italiano Pedro J. Nicoli. Colocado sobre la entrada principal en mayo de 1856, este escudo no solo simboliza la conexión británica del cementerio, sino que también sirve como un recordatorio del legado y la presencia británica en Madrid. La atención al detalle en esta obra refleja el orgullo y la importancia que la comunidad británica atribuyó a este lugar.

El cementerio alberga varios monumentos y panteones significativos que destacan tanto por su valor artístico como histórico. El panteón de la familia Bauer es uno de los más impresionantes. Diseñado por el renombrado arquitecto Fernando Arbós y Tremanti, este panteón de estilo neoegipcio incluye inscripciones en hebreo y es un homenaje a la primera sinagoga en España tras la expulsión de los judíos por los Reyes Católicos. La rica ornamentación y el diseño arquitectónico de este panteón lo convierten en un punto de interés principal dentro del cementerio.

Además del panteón de los Bauer, el cementerio cuenta con otros mausoleos y esculturas que reflejan la diversidad de estilos y épocas. Entre ellos, destacan las tumbas de la familia Loewe, conocida por su casa de moda, y la de Emilio Lhardy, fundador del famoso restaurante Lhardy. Estas sepulturas no solo marcan los lugares de descanso de personajes influyentes, sino que también contribuyen al valor artístico y cultural del cementerio.

En 1997, se llevó a cabo una importante renovación y restauración del cementerio, gestionada por una fundación dedicada a su conservación. Esta intervención incluyó la restauración de la puerta de entrada, la demolición de parte de la vivienda de los guardas y la construcción de un cenotafio para conmemorar a los benefactores. Estas mejoras no solo ayudaron a preservar el estado físico del cementerio, sino que también aseguraron que el legado histórico y cultural del lugar se mantuviera intacto para las futuras generaciones.

El trabajo de restauración también abordó el mantenimiento de varias esculturas y lápidas que habían sufrido el paso del tiempo. Gracias a estos esfuerzos, muchas de las lápidas rotas y esculturas descabezadas fueron restauradas, devolviendo al cementerio parte de su antigua gloria. Estos proyectos de restauración fueron fundamentales para mantener la integridad y la dignidad del cementerio como un lugar de memoria y reflexión.

Personajes ilustres enterrados

tumba Alice Bache

El cementerio británico de Madrid es el lugar de descanso de numerosos personajes ilustres cuyas vidas dejaron una huella significativa en la historia y la cultura. Entre ellos, destaca Arthur Thorold, quien fue el primer enterramiento registrado en el cementerio en 1854. Su tumba es fácilmente reconocible por la representación en bajorrelieve de Excalibur, la legendaria espada del Rey Arturo, un símbolo de su legado.

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Otro destacado es William Parish, el fundador del Circo Price. Parish, un empresario visionario, estableció uno de los circos más famosos de España, y su tumba refleja su contribución al mundo del entretenimiento. La familia Loewe, conocida por su influyente empresa de moda, también está enterrada aquí. Su legado en la industria de la marroquinería y la moda sigue siendo relevante en la actualidad.

Albert Sheldon Pennoyer fue un pintor californiano y un notable recuperador de obras de arte robadas por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Sus esfuerzos por preservar el patrimonio artístico europeo son inmortalizados en su tumba en el cementerio británico. Margarita Taylor, fundadora del prestigioso salón de té Embassy, también descansa en este lugar. Taylor no solo dejó una marca en la vida social madrileña, sino que también jugó un papel crucial durante la Segunda Guerra Mundial al ayudar a refugiados y agentes secretos.

Emilio Lhardy, fundador del restaurante Lhardy en 1839, es otro personaje ilustre enterrado en el cementerio. Su restaurante, que aún opera hoy, es un testimonio de su legado en la gastronomía madrileña. Charles Clifford, un fotógrafo galés, es reconocido por su trabajo en España durante el siglo XIX. Clifford capturó imágenes históricas de la arquitectura y la vida cotidiana, y su lápida en el cementerio es una de las más antiguas.

Irakli de Bagration-Mukhraneli, príncipe de Georgia, es otro destacado enterrado en el cementerio. Su presencia subraya la diversidad de orígenes y religiones representadas en este espacio. Aunque posteriormente sus restos fueron trasladados a Georgia, su tumba original sigue siendo un punto de interés histórico.

Entre otros personajes notables se encuentran Ignacio Bauer, un destacado empresario; Walter Starkie, fundador del Instituto Británico de Madrid y un importante hispanista irlandés; y Arthur Yencken, ministro encargado de negocios de la Embajada del Reino Unido en Madrid. Cada uno de estos individuos contribuyó de manera única al tejido social y cultural de Madrid y sus legados continúan siendo recordados a través de sus tumbas en el cementerio.

El cementerio también alberga a Sheldon Pennoyer, un pintor californiano conocido por sus paisajes y escenas invernales. Sus obras capturaron la esencia de diversos lugares y su contribución al arte es celebrada en su lugar de descanso final. Además, el Barón Theodore de Budberg, embajador de Rusia en España, y el Conde Zavadowsky Miklazewsky, noble polaco, también descansan aquí, subrayando aún más la diversidad y el alcance internacional del cementerio.

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